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Tratamiento Farmacológico

El tratamiento farmacológico hace referencia a la medicación con la que se trata la enfermedad de Alzheimer durante todas sus fases de evolución y los diferentes síntomas conductuales que pueden ir apareciendo: agitación, ansiedad, insomnio, depresión, apatía...
El responsable de prescribir que medicación es la más adecuada es el neurólogo, así como de los cambios de la misma o su retirada.

Por ello siempre que se observe una nueva alteración de conducta o avance de los síntomas es necesario ponerse en contacto con el mismo, o en ocasiones con el geriatra o especialista que lleve el caso.
El tratamiento farmacológico no cura la enfermedad pero consigue retrasar el avance de la misma y paliar algunos de sus síntomas.
Hay que tener en cuenta tres aspectos sobre la farmacología:

  • Los fármacos no son una panacea, sus acciones son limitadas y no se concibe su uso sin otros tratamientos no farmacológicos como la estimulación integral.
  • Los fármacos no resuelven todos los trastornos del comportamiento, por ejemplo el vagabundeo, la repetición de preguntas...
  • Los fármacos nunca reemplazan las estrategias de actuación que puede utilizar un cuidador.

Al hablar del tratamiento farmacológico podemos distinguir los fármacos dirigidos a retrasar el avance de los síntomas cognitivos y por otro lado los destinados al tratamiento de las alteraciones psicológicas y conductuales.


FÁRMACOS PARA SÍNTOMAS COGNITIVOS
Distinguimos dos opciones terapéuticas diferentes en función de la fase de la enfermedad en la que se encuentre el afectado.
- Tratamiento en fase leve a moderada: Inhibidores de la colinesterasa.
Ralentizan la evolución de los síntomas, y de la perdida de las capacidades cognitivas (principalmente memoria y actividades de la vida diaria), además de controlar algunas alteraciones del comportamiento, disminuyendo su frecuencia y gravedad. Por ello, ofrecen al afectado y su familia un tiempo de respiro y posponen la institucionalización del afectado en residencia.
Su eficacia es notable en el inicio de la enfermedad, por ello la importancia de un diagnóstico precoz.
Dentro de este grupo distinguimos: Galantamina (Razadyne y Reminil), Donepezilo (Aricept), Rivastigmina (Exelon y Prometax). Aunque todos tienen el mismo principio activo, no presentan la misma efectividad en todos los afectados; por ello es el especialista el encargado de elegir el mejor en cada caso.
En ocasiones Aricept y Exelon en la forma de parche transdérmico también son utilizados en fases moderadas y severas.
- Tratamiento en fase moderada a severa: Memantina.
Se le atribuye beneficios terapéuticos sobre las funciones cognitivas, el funcionamiento global y el comportamiento. No hay que esperar una mejora, ya que no recupera las capacidades ya perdidas.
Su nombre comercial es Ebixa.


FÁRMACOS PARA SÍNTOMAS CONDUCTUALES
A medida que la enfermedad avanza es frecuente que aparezcan otro tipo de síntomas de caracter psicológico o comportamental. Para su tratamiento existe un amplio abanico terapeútico, como pueden ser los ansiolíticos, los antidepresivos, los estabilizadores del estado de ánimo o los tratamientos con fármacos antipsicóticos.
El médico de referencia, neurólogo o psiquiatra, será el encargado de pautar la medicación y dosis adecuada para corregir la sintomatología conductual, de esta manera se controlarán alteraciones como la ansiedad, depresión, irritablidad, agresividad, apatía, alucinaciones, ideas delirantes o insomnio.

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Afa Getafe Leganés

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